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Mi hija juega en el jardín, María Monvel

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M i hija juega en el jardín y yo la miro quieta y triste, triste de tanta dicha, triste porque la dicha tiene fin. Viene corriendo y se va luego y me da un beso o una flor. Su voz musita a vez un ruego, a vez un mimo encantador. Es la más linda de las flores, en ella están dicha o dolor... ¿Qué han sido todos mis amores comparados con este amor? No pienso en destinos amargos ni en que las cosas tienen fin, pero quisiera largos, largos estos momentos del jardín.       en  Antología esencial , 2023 Edición de Ariel Rioseco Gutiérrez   Boca Budi Books Antología esencial María Monvel Edición de Ariel Rioseco Gutiérrez Boca Budi Books 2023

«Estamos rodeados de ángeles...» [Sobre 'Forasteros. Tres narraciones peregrinas'] de Bernardo Navia, por Carlos Almonte

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La sentencia que otorga el título a esta reseña (con tintes de crónica) la escuché, quizás, por primera vez antes del momento que señalaré. Sin embargo, conscientemente, el momento señalado marcará el inicio; un inmediato quiebre de paradigmas que representa la lectura (anterior escritura y publicación) de un libro como Forasteros , que compila tres narraciones que, cada una y en sí mismas, representan paradigmáticos quiebres, tanto desde el aspecto gráfico (narraciones compuestas por capítulos de llamativa y extrema brevedad –a veces compuestos por una sola palabra), como del aspecto temático (posibilidades no comprobadas, hasta ahora, “científicamente”; aunque sí atisbadas por genios de la humanidad –como Philip K. Dick, por nombrar solo a uno), como del aspecto que podríamos llamar “de inserción epocal”. Ya nos extenderemos más sobre estos puntos. Primero, el Momento ( una digresión algo pertinente ) Corría el mes de diciembre de 1992, y en Chile recién se organizaba...

Plañir la muerte, vislumbrar una escapatoria, imaginar el tránsito: nomadías de la escritura en "Alicia en la carretera" de Carlos Almonte, por Manuel Illanes

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La pregunta acerca de la trascendencia (o nulidad) de toda experiencia humana ha sido formulada desde la más lejana antigüedad por el homo (non) sapiens y oscila, desde siempre, entre la conciencia de una mortalidad ineludible, cuyas fronteras no pueden ser rebasadas, y la esperanza de un camino que conduzca fuera de la región de ceniza que habitamos, adquiriendo, en esta oscilación, ribetes religiosos, filosóficos y literarios, tal como se manifiesta en textos fundamentales como La epopeya de Gilgamesh y El libro de los muertos egipcio, por mencionar algunos ejemplos de la Antigüedad. Es notable verificar (tal como demuestran los textos mencionados) que existe una asociación íntima entre esta conciencia de la muerte y la posibilidad de salvar ésta, de encontrar una salida a nuestra jaula de carne; instancias (al parecer) antitéticas que, sin embargo, un tercer elemento -el del viaje - vincula. Estoy embriagado, lloro, me aflijo / pienso, digo / en mi interior lo encuentro: / si yo ...