El fin llegó como otro anticlímax, Arthur Koestler
En algún momento de aquella primavera de 1938, tuve que dar en París una conferencia sobre España en la Asociación de Escritores Alemanes en el Exilio. Antes de mi intervención, un representante del partido me pidió que insertara un pasaje denunciando a los miembros del POUM [Partido Obrero de Unificación Marxista] como agentes de Franco. Me negué. Se encogió de hombros y me preguntó en tono educado si no me importaría mostrarle el texto de mi discurso para comentarlo «informalmente»; me volví a negar. El acto tuvo lugar en la sala de la Société des Industries Françaises, ante un auditorio de unos doscientos o trescientos intelectuales refugiados, la mayoría de ellos comunistas. Era mi primera aparición pública en París desde que había vuelto de España y tenía la sensación de que sería la última como miembro del partido. No tenía intención de atacar al partido mientras todavía se libraba la guerra española y la idea de atacar a Rusia en público aún me embar...