Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Cuentos

Cine mudo, Beatriz Guido

Imagen
Vivíamos en el ala izquierda de la casa. Nuestras ventanas enfrentaban las de nuestros padres. A altas horas de la noche, las ventanas de enfrente se convertían en un escenario iluminado.   En el verano perdían su importancia. Las ventanas permanecían abiertas y el cuarto a oscuras. Sólo sus voces y algunas palabras en francés —para que no entendiéramos —nos enteraban de la presencia de nuestros padres.   Entre nuestra ventana y el escenario había un patio estrecho con una escalinata que descendía hasta el jardín. En las noches de invierno me deslizaba de la cama y, arrastrando una manta de lana para cubrirme las piernas, acomodaba un pupitre para sentarme; después seguía atentamente todo lo que sucedía en la ventana de enfrente. Olvidaba que los actores eran mis padres: una leve cortina de tul daba al conjunto una realidad mágica. Me parecían personajes de fotografías de la “Petite Illustration”. Mi madre destrenzaba su cabello ante el espejo y su bata ligera volaba por el ai...

El hombre en la araucaria, Sara Gallardo

Imagen
Un hombre pasó veinte años haciéndose un par de alas. En 1924 las estrenó, de madrugada. Su temor principal era la policía. Anduvieron, con un vaivén bastante lento. No lo subían más de doce metros, la altura de una araucaria de la plaza San Martín.    El hombre abandonó a su mujer y sus hijos para pasar más horas sobre el árbol. Era empleado en una compañía de seguros. Se instaló en una pensión. Cada medianoche ponía aceite para máquinas de coser en las alas, y marchaba a la plaza. Las llevaba en un estuche de violoncello. Bastante cómodo, tenía un nido sobre el árbol. Hasta con almohadones.   De noche la vida de la plaza es extraordinariamente compleja, pero él nunca se molestó en enterarse. Le bastaban los follajes, las casas oscuras, y sobre todo las estrellas. Las noches de luna eran las mejores.   Nuestro mal es no aceptar el límite. Se le puso pasar un día entero en el nido. Fue en un feriado de la compañía.   Salió el sol. Nada como el amanecer entre las...

Debes saberlo todo, Isaak Bábel

Imagen
Los sábados siempre volvía tarde a casa, después de mis seis clases en la escuela. Caminar por la calle nunca me parecía una pérdida de tiempo. Era una buena excusa para dejar correr la imaginación, y todo me resultaba familiar y agradable. Conocía los rótulos, las fachadas de las casas, los escaparates de las tiendas. Lo conocía de una manera propia y especial, y estaba convencido de que veía en ellos lo que realmente importaba, ese algo misterioso que los adultos llamamos «la esencia de las cosas». Todo aquello estaba firmemente grabado en mi memoria. Si alguien mencionaba alguna de las tiendas, podía imaginar inmediatamente el rótulo del establecimiento, con sus letras doradas y el rasguño en el ángulo izquierdo, la cajera con su alto peinado y el aura que envolvía el lugar, distinto del aura de cualquier otra tienda. Y con aquellas tiendas, aquellas personas, aquellos ambientes y carteles de teatro reconstruí mi ciudad natal de Odesa. La recuerdo, la siento y la amo hasta el día de...

Basura para las gallinas, Claudia Piñeiro

Imagen
Se dispone a atar la bolsa de plástico negro. Tira de las puntas para hacer el nudo. Pero resultan cortas, puso demasiado en esa bolsa, ya ni sabe cuánto ni qué metió dentro para llenarla, todo lo que encontró dando vueltas por la casa.   Levanta la bolsa en el aire desde la abertura y la sacude con golpes cortos y secos de manera que el contenido se comprima y libere más espacio para el nudo. La ata dos veces, dos nudos. Comprueba que el lazo haya quedado firme tirando del plástico hacia los costados. El nudo se aprieta pero no se deshace.   Deja la bolsa a un lado y se lava las manos. Abre la canilla, deja correr el agua mientras carga sus manos con detergente. Cuando era chica, en su casa, no había detergente, usaban jabón blanco si había. Ella ahora tiene detergente, se trae del que compran por bidones en el trabajo, llena una botella vacía de gaseosa y la guarda en su mochila. Tampoco había bolsas de plástico cuando era chica, su abuela metía en un balde todos los restos ...

Cazando moscas: Obras casi completas, Rodrigo Severin

Imagen
Cazando moscas Obras casi completas Rodrigo Severin   Columnas, cuentos, poesía 1ª edición, 222 páginas   Boca Budi Books 2023

Presentación de "Cazando Moscas. Obras casi Completas", Rodrigo Severin

Imagen
Presentación de "Cazando Moscas. Obras casi Completas", de Rodrigo Severin 16 de noviembre en el auditorio del colegio Verbo Divino, Pdte. Errázuriz 4055, Las Condes, a las 19.30 horas. Presentarán Matías Rivas y Pedro Gandolfo. Habrá vino de honor.

Santos, extraños y foráneos [Sobre "Forasteros. Tres narraciones peregrinas"], Kiri J. Lezzorno

Imagen
Sobre Forasteros. Tres narraciones peregrinas Historias desencadenan historias; reflejadas, plasmadas en un fondo, sobre un velo, a través de un sello. Un relato que habita el limbo aquel al cual, en algún momento, llegamos todos. Podría decirse, anestesiarse, suprimirse tal vez, un párrafo que diga “Si no llegas, no has vivido”, como si fuera algo más que un juego de artificios relamidos, sin sentido, con final. El  absoluto  acá se desempolva, se sacude un poco, se hace adulto, madura, trasciende. Como la vida misma, se dirá. La amistad, del primer texto (“Despertares”), el aspecto oculto de una ceremonia (“Ritual”), la evocadora imagen de una esquina (“Ciudad de ángeles”), nos llevan a un lugar hecho de retazos, que evocan, como ya se dijo, ese velo que desenfoca y, a la vez, separa a todos en ‘atentos’ y ‘familiarizados’. Podemos ir de un lugar a otro, habitar una clínica psiquiátrica, un bar, caminar por una calle, deducir gestos, vestimentas, “extrañezas” que hacen pensa...

«Estamos rodeados de ángeles...» [Sobre 'Forasteros. Tres narraciones peregrinas'] de Bernardo Navia, por Carlos Almonte

Imagen
La sentencia que otorga el título a esta reseña (con tintes de crónica) la escuché, quizás, por primera vez antes del momento que señalaré. Sin embargo, conscientemente, el momento señalado marcará el inicio; un inmediato quiebre de paradigmas que representa la lectura (anterior escritura y publicación) de un libro como Forasteros , que compila tres narraciones que, cada una y en sí mismas, representan paradigmáticos quiebres, tanto desde el aspecto gráfico (narraciones compuestas por capítulos de llamativa y extrema brevedad –a veces compuestos por una sola palabra), como del aspecto temático (posibilidades no comprobadas, hasta ahora, “científicamente”; aunque sí atisbadas por genios de la humanidad –como Philip K. Dick, por nombrar solo a uno), como del aspecto que podríamos llamar “de inserción epocal”. Ya nos extenderemos más sobre estos puntos. Primero, el Momento ( una digresión algo pertinente ) Corría el mes de diciembre de 1992, y en Chile recién se organizaba...