El poeta, Joaquín Cifuentes Sepúlveda
Yo soy el caminante de las más largas sendas, hijo de no se sabe qué país de leyendas, llevo en mí la corriente de una fuerza infinita, atavismo siniestro de una raza maldita de inquisidores y hoscos capitanes fenicios... Mis pensamientos son mis virtudes y vicios, y yo los llevo sobre los hombros doloridos como lleva el Señor los mundos suspendidos en la diestra divina... Yo rijo sus destinos y los realizo sobre la faz de los caminos. Tengo un gesto vibrante de héroe atormentado, lo quiero tanto, tanto, porque lo he conquistado con valentía, como en combates heroicos antes luchaban dioses con gigantes estoicos por las coronas verdes de las glorias... O por la sonrisa de alguna cautiva de color. Y después de esta fuerte fiereza, solamente soy el último vástago de un siglo decadente. Tengo perdidos todos los senderos... Ninguna voz honda mía deja de ladrarle a la luna... Soy un niño muy blando, pese a mi gesto...