Entradas

Santos, extraños y foráneos [Sobre "Forasteros. Tres narraciones peregrinas"], Kiri J. Lezzorno

Imagen
Sobre Forasteros. Tres narraciones peregrinas Historias desencadenan historias; reflejadas, plasmadas en un fondo, sobre un velo, a través de un sello. Un relato que habita el limbo aquel al cual, en algún momento, llegamos todos. Podría decirse, anestesiarse, suprimirse tal vez, un párrafo que diga “Si no llegas, no has vivido”, como si fuera algo más que un juego de artificios relamidos, sin sentido, con final. El  absoluto  acá se desempolva, se sacude un poco, se hace adulto, madura, trasciende. Como la vida misma, se dirá. La amistad, del primer texto (“Despertares”), el aspecto oculto de una ceremonia (“Ritual”), la evocadora imagen de una esquina (“Ciudad de ángeles”), nos llevan a un lugar hecho de retazos, que evocan, como ya se dijo, ese velo que desenfoca y, a la vez, separa a todos en ‘atentos’ y ‘familiarizados’. Podemos ir de un lugar a otro, habitar una clínica psiquiátrica, un bar, caminar por una calle, deducir gestos, vestimentas, “extrañezas” que hacen pensa...

Boca Budi Books

Imagen
Boca Budi Books 2023

Oración del no saber, Thomas Merton

Imagen
Señor mi Dios, no tengo idea de adónde voy. No veo el camino frente a mí. Ciertamente, no sé dónde terminará. Realmente, tampoco me conozco a mí mismo, y el hecho de que crea que estoy siguiéndote no significa que efectivamente lo esté haciendo. Pero creo que mi deseo de agradarte, de hecho, te agrada. Y espero tener ese deseo en todo lo que haga. Espero nunca hacer nada sin ese deseo. Y sé que si lo hago me conducirás por el camino correcto, aunque yo no sepa nada al respecto. Por tanto, siempre confiaré en ti, aunque parezca que me pierdo en la sombra de muerte. No temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo, y jamás me abandonarás al enfrentar peligros. Amén.       en  Thoughts in Solitude , 1958 Traducción de Carlos Almonte       A Prayer of Unknowing My Lord God, I have no idea where I am going.  I do not see the road ahead of me. I cannot know for certain where it will end. Nor do I really know myself, and the fact that I think I am followi...

Me Encanta Dios, Jaime Sabines

Imagen
M e encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio.  A él le gusta jugar y juega,  y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna  o nos aplasta definitivamente.  Pero esto sucede porque es un poco cegatón  y bastante torpe con las manos.    Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales  como Buda, o Cristo, o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien.  Pero esto a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se traga al chico,  que la lagartija grande se traga a la pequeña,  que el hombre se traga al hombre.  Y por eso inventó la muerte:  para que la vida -no tú, ni yo–  la vida, sea para siempre.   Ahora los científicos salen con su teoría del Big Bang...  Pero ¿qué importa si el universo se expande  interminablemente o se contrae?  Esto es asunto sólo para agencias de viajes.    A mi me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias...

Oración, por Jorge Cuesta

Imagen
Señor, nuestro destino está escrito desde el principio.   ¿Cómo hubiéramos podido negamos a él?  Sometidos a él estamos,  y sin más abrigo que tu misericordia.   Oh, Dios, nuestro señor, que quieras ampararnos con ella  sin desamparar a ninguno de los que somos tus siervos.       en  Poesía y Crítica , 1991 Originalmente publicado en Revista Vuelta, Nº 6, mayo, 1977     

Ojos blancos, por Mary Oliver

Imagen
En invierno     el canto se concentra en          las copas de los árboles              donde el pájaro-viento   con sus ojos blancos      puja y empuja          entre las ramas.              Como cualquiera de nosotros   quiere dormir,     pero está intranquilo          tiene una idea              y lentamente la revela   bajo sus alas batientes     mientras permanezca despierto.          Pero en su fuerte y repetitiva melodía, al fin y al cabo,             ...

Recortes de Flamenco, por Carlos Almonte

Imagen
Tus contornos, el postrero alarde que acarició las madrugadas. He murmurado el epitafio, las palabras de un coro prolijo de dementes hacinados. No creo en la distancia y el tiempo; acariciar figuras de piedra, un terciopelo que vive. Acariciar la luz de un invierno que se extingue es acariciar una palabra que se extingue, por sí sola. Corres hacia orillas, te ahogas entre cientos de colores, en llanuras, miradas o espacios inasibles. Caricias y gritos y demolición de angustias imperfectas de caminos que no terminan de doler, de final y de distancias que refieren tu cuerpo frío y reluciente. Es la locura de los que cerraron sus alas como cascabeles de serpiente vegetal. Todo cae, lentamente, disgregándose en porciones. Atraviesa follajes inmensos y se desplaza hacia el encuentro, el absurdo encuentro de dos seres que, irremediablemente, se pierden en medio de la luz. Dios es un ojo, que en plena oscuridad observa un desierto hipnotizado de pirámides en flor. Duermo sobre el riel de una ...