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El poeta del sombrero morisco y otros poemas, antología de Joaquín Cifuentes Sepúlveda

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El poeta del sombrero morisco y otros poemas Antología Joaquín Cifuentes Sepúlveda Ariel Rioseco & Carlos Almonte (Editores) Poesía 1ª edición, 116 páginas Boca Budi Books 2024

Artaud, Raymond Carver

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Entre los jeroglíficos, las máscaras, los poemas incompletos, se despliega el espectáculo: Antonin  et son double . Ahora están trabajando, invocan a los viejos demonios. Los encantamientos, etc. El alto, de aspecto asustado, el de la mesa, el del pitillo y sin dientes con qué hablar,  se está quedando calvo,  debido a cierto exceso en el habla,  los gestos.  El otro es cauteloso, espera cuidadosamente su oportunidad, incluso se está borrando. Pero en determinados momentos todavía transparenta una existencia necesariamente arrogante. Antonin, casi seguro, ya no hay obras maestras. Pero al decir esto te temblaban las manos, y detrás de cada telón siempre hay,  como tú sabes,  un susurro.       en  Un sendero nuevo a la cascada , 1989

Basura para las gallinas, Claudia Piñeiro

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Se dispone a atar la bolsa de plástico negro. Tira de las puntas para hacer el nudo. Pero resultan cortas, puso demasiado en esa bolsa, ya ni sabe cuánto ni qué metió dentro para llenarla, todo lo que encontró dando vueltas por la casa.   Levanta la bolsa en el aire desde la abertura y la sacude con golpes cortos y secos de manera que el contenido se comprima y libere más espacio para el nudo. La ata dos veces, dos nudos. Comprueba que el lazo haya quedado firme tirando del plástico hacia los costados. El nudo se aprieta pero no se deshace.   Deja la bolsa a un lado y se lava las manos. Abre la canilla, deja correr el agua mientras carga sus manos con detergente. Cuando era chica, en su casa, no había detergente, usaban jabón blanco si había. Ella ahora tiene detergente, se trae del que compran por bidones en el trabajo, llena una botella vacía de gaseosa y la guarda en su mochila. Tampoco había bolsas de plástico cuando era chica, su abuela metía en un balde todos los restos ...

«Ves el cerro y en torno...», Simón Villalobos

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Ves el cerro y en torno frasea el polvo Santiago extendida entras en el norponiente o tu ventana entra el cuenco de una mano sobresale el estadio y las cuadras de Villa Olímpica del otro lado los bloques donde esperan tus hijos y entre laderas de migas en la sombra supones la casa donde nacieron el plano nublado de coraje se recuesta en el giro,             deseas reconoces, olvida el conjunto adentro llenos de bolsas convergen densas filas entrelazan los párpados cierran brotes, ruedan energizados sueltos los contornos de las heridas       en  Otras ciudades están prendidas a un cuerpo inestable , 2024 Traza Editora

Autorretrato, Andrés Morales

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Yo, que he perdido relojes durante todo el invierno, abierto y extendido, en toda mi razón, por los desconocidos muros escribiré legando mis anteojos, debajo de estas letras, las visiones de un ciego que respira destruyendo oleajes.       en  Por ínsulas extrañas , 1982

Materia, Víctor Quezada

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Muchas veces he repetido este viaje, antes. Esa transformación macabra que ejercen las palabras:   “Si el barco se hunde, habrá treinta sujetos luchando por un ataúd”.   Pero hablaba el carpintero de un salvavi- das de madera, de una madera que cuando Queequeg deliraba enfermo se preparaba en manos del mismo carpintero para recibirle la muerte: Queequeg sobrevivió al carpin- tero. Una madera que hubo de reutilizar asimilando la vida a la muerte mediante una simple metáfora.   Madera nunca tuvo un sentido más estric- tamente etimológico que en tal episodio de Moby Dick .       en  Yoko , 2023 (Segunda edición)

Si el hombre pudiera decir, Luis Cernuda

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Si el hombre pudiera decir lo que ama, Si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo  Como una nube en la luz;  Si como muros que se derrumban,  Para saludar la verdad erguida en medio,  Pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad de su amor,  La verdad de sí mismo,  Que no se llama gloria, fortuna o ambición,  Sino amor o deseo,  Yo sería aquel que imaginaba;  Aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos  Proclama ante los hombres la verdad ignorada,  La verdad de su amor verdadero.  Libertad no conozco, sino la libertad de estar preso en alguien  Cuyo nombre no puedo oír sin escalofríos;  Alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina,  Por quién el día y la noche son para mí lo que quiera.  Y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu  Como leños perdidos que el mar anega o levanta  Libremente, con la libertad del amor,  La única libertad que me exalta, ...