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Galopan tus piernas sobre el coligüe, Gloria Dünkler

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Galopan tus piernas sobre el coligüe, el hocico de tu bestia es un trapito y tu cabello al aire son las crines. La adolescencia te pilló brincando en los montes y bajo la luna silvestre maduraste. Descalza, carita sucia, hiedra que monta los barrancos, hija del gran cacique aún no entiendes de modales. Juguemos a los adultos que salen al paso, con tus sueños prendidos a las riendas, llévame contigo.       en  Füchse von Llafenko , 2009

No digan que fui débil y no hice frente, Robert Louis Stevenson

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No digan que fui débil y no hice frente A mis obligaciones, y que huí del mar, Negando las torres que mis mayores erigieron,  los faros que encendimos, Para jugar con un niño que se divierte levantando castillos de papel. Digan mejor:  En el atardecer del tiempo Una recia familia arrancó de sus manos La arena del granito, y contemplando en la lejanía A lo largo de la rugiente costa, monumentos Y altas memorias que en el crepúsculo se hundían, Sonrió feliz, y a infantiles tareas alrededor del fuego,  dedicó las horas del anochecer.     en  Poemas , 1994 Originalmente en U nderwoods (Book I, XXXVIII) , 1887       Say not of me that weakly I declined (Book I, XXXVIII) Say not of me that weakly I declined / The labours of my sires, and fled the sea, / The towers we founded and the lamps we lit, / To play at home with paper like a child. / But rather say:  In the afternoon of time / A strenuous family dusted from its hands / The sand of ...

«Todos tienen algún objeto precioso...», Chantal Maillard

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T odos tienen algún objeto precioso que ofrecer: un cuenco de agua negra en que mirarse, la piel recién curtida de un leopardo, un hijo o un potro amado por los vientos. Pero yo nada tengo salvo las huellas de mis pies desnudos en la tierra.       en  Hainuwele y otros poemas , 2009

Diecinueve formas, Ariel Rioseco

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Los caballos permanecen inmóviles bajo la lluvia, Mientras limpio el caos de la habitación. Encuentro tu sortija, Queriéndome aferrar a algún recuerdo. Pero a la memoria se me viene tu presencia fría La sarcástica sonrisa, Recordándome que hay diecinueve formas... Y por ello sé que, al marcharme, Se hará el olvido, Ya que nadie te hallará.       en La ciudad de los pájaros , 2023 Boca Budi Books

No fuimos capaces de incendiar la casa, Álvaro Ruiz

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A Jorge Teillier     No fuimos capaces de incendiar la casa Reducirla a cenizas E irnos a los bosques Sin miedo Tarareando viejas canciones irlandesas Como aquella del marinero borracho Shanties extraídos de viejos cancioneros celtas  Por los caminos polvorientos del estío  Por alamedas que llevaban a la plaza del pueblo Donde las muchachas pretendían tu corazón de alondra  Ahora cubierto por un frío bolsillo depositario De estampas y angelicales medallas protectoras En un bar en el centro de Santiago Con la misma canción aquella en el oído ¡Qué vamos a hacer con el marinero borracho! Cruzando los brazos sobre la mesa de un otoño en la ventana  Con toda la oblicuidad de la luz en el rostro.       en  Cola de gallo Poemas , 2010

«Las hortensias se ponen bajo la primera lluvia», por Cecilia Gajardo

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Las hortensias se ponen bajo la primera lluvia para lavarlas es una especie de nacimiento.   Estás quieta, puedes acaso mover tus pupilas para darme señales voy a ocuparme de tu riego de regarlas a ambas.       en  Sara Moncada , 2019

Debes saberlo todo, Isaak Bábel

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Los sábados siempre volvía tarde a casa, después de mis seis clases en la escuela. Caminar por la calle nunca me parecía una pérdida de tiempo. Era una buena excusa para dejar correr la imaginación, y todo me resultaba familiar y agradable. Conocía los rótulos, las fachadas de las casas, los escaparates de las tiendas. Lo conocía de una manera propia y especial, y estaba convencido de que veía en ellos lo que realmente importaba, ese algo misterioso que los adultos llamamos «la esencia de las cosas». Todo aquello estaba firmemente grabado en mi memoria. Si alguien mencionaba alguna de las tiendas, podía imaginar inmediatamente el rótulo del establecimiento, con sus letras doradas y el rasguño en el ángulo izquierdo, la cajera con su alto peinado y el aura que envolvía el lugar, distinto del aura de cualquier otra tienda. Y con aquellas tiendas, aquellas personas, aquellos ambientes y carteles de teatro reconstruí mi ciudad natal de Odesa. La recuerdo, la siento y la amo hasta el día de...