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Esperanza, Aciro Luménics

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Ellos mantienen tu cabeza podrida, llena de gusanos en forma de noticias, columnas, guerra, elecciones, fútbol, Superbowl: gol, gol, gol, descenso, campeón, derrota, victoria, izquierda, derecha, sí, no.   ¡Malditos gusanos dicotómicos!   También están los gusanos del espejo cultural y los estallidos de Giorgy Boy, el discurso impositivo, el eterno fascismo en todas y cada una de sus formas maquilladas o a cara descubierta.   La eterna dicotomía de la que es ( casi ) imposible ser desprogramado.   Sin embargo, hay una forma de deshacerte de los gusanos en tu cerebro, de lo que ves. Para descorrer el velo, es necesario cruzar el río; el agua de pureza ancestral, los bosques del silencio, la meditación. Alejarte de todo aquello que huela a podrido y esté lleno de gusanos, zánganos, parásitos, depositarios de falsa información. Desde hace mucho, ...

Mi casa es una cascada, Mila Gattai

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Igual que las humaredas ya no soy llama ni brasas. Soy esta espiral y esta liana y este ruedo de humo denso. Gabriela Mistral     Mi casa es una cascada en el sur de Chile. Hay patos, gansos, gallinas; se inmiscuyen alacranes y arañas. Por las noches hay que guardar las aves para que no se las lleven los zorros.   Tengo 2 años, un hermano de 4, una madre de 34 y un padre de 33. Mi ropa favorita es de lana. Mi prima favorita para jugar se llama Belén.   Mi casa no es mi casa y mi cama no es mi cama. Mi padre y hermano se han ido al norte. Mi madre y yo vivimos con una amiga, sus hijas, sus nietas. Yo comparto cama con Paula. En las noches nos damos besitos, tenemos 4 años. Vamos a un jardín de niños con piso de tierra. Veo las fotos, con tres deditos de mi mano izquierda intento alcanzar la manito de Paula, que lleva un gorro de princesa. Yo llevo uno que parece la cresta de un gallo.   1997, ya te ha...

Las huellas del baqueano, Ariel Rioseco

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Fragmento   Frente a ellos, el silencio fue tomando forma y la brisa que golpeaba las ramas de los altos árboles generó en el grupo la sensación de que estos parajes iban asumiendo vida y caracteres propios que no debían ser tomados a la liguera. Poblete, que lo sabía, ajustó nuevamente su montura, sujetando con mayor cuidado su bestia, mientras cada uno de los integrantes del rescate tomaba lugar en la fila que se sumergía en el reino del musgo y la humedad. La poca claridad del bosque, ya estando dentro, y lo angosto de la senda, hacían que el despeñadero a su costado se viese y sintiese más profundo, además de peligroso, en cada paso que daban los caballos. Las hojas agitándose entre el follaje, o el simple escape de algún roedor o musaraña en el piso, los hacía ir y volver con atención, haciendo que cada detalle fuese enorme en aquella vastedad de quietud y silencio comprimido.   Cerca de una hora después de haber ingresado en el bosque, Poblete ...

Talca, Cecilia Gajardo

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Talca Cecilia Gajardo    Poesía 2ª edición, 48 páginas   Boca Budi Books 2025 

Arroyo, Carlos Almonte

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Más que un acto de memoria, o ilusión, las aristas más lejanas de este pensamiento se resbalan en asombros contenidos por el quiebre, sin ondulación posible.   Es una extensión sin límite, me refiero, te refieres, y en aquella trampa, o seducción, reunimos playas, tiendas y arrecifes hacia la majada: sin el roce, tu relave natural, tu ausencia.   Distinta fase en la metáfora: el alejamiento es una traba antes de llegar y besar la corteza del alerce, cuyas hojas se desprenden bajo el suave arroyo de un conocimiento mudo.       Bitácora de ausencia (2ª edición) Boca Budi Books, 2025   Retrato: Julia Toro      

Miami: Yo vine aquí a gritar, Reinaldo Arenas

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La Universidad Internacional de la Florida me invitó a dar una conferencia el primero de junio de 1980. La titulé «El mar es nuestra selva y nuestra esperanza» y hablé por primera vez ante un público libre. Junto a mí estaba Heberto Padilla; él habló primero. Realmente, su caso fue penoso; llegó absolutamente borracho a la audiencia y, dando tumbos, improvisó un discurso incoherente y el público reaccionó violentamente contra él. Yo sentí bastante lástima por aquel hombre destruido por el sistema, que no podía encararse con su propio fantasma, con la confesión pública que había hecho en Cuba. En realidad, Heberto nunca se recuperó de aquella confesión; el sistema logró destruirlo de una manera perfecta, y ahora parecía que hasta lo utilizaba.   Desde que comencé a hacer declaraciones contra la tiranía que había padecido durante veinte años, hasta mis propios editores, que habían hecho bastante dinero vendiendo mis libros, se declararon, solapadamente, mis enemigo...

El poeta, Joaquín Cifuentes Sepúlveda

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Yo soy el caminante de las más largas sendas, hijo de no se sabe qué país de leyendas, llevo en mí la corriente de una fuerza infinita, atavismo siniestro de una raza maldita de inquisidores y hoscos capitanes fenicios... Mis pensamientos son mis virtudes y vicios, y yo los llevo sobre los hombros doloridos como lleva el Señor los mundos suspendidos en la diestra divina... Yo rijo sus destinos y los realizo sobre la faz de los caminos.   Tengo un gesto vibrante de héroe atormentado, lo quiero tanto, tanto, porque lo he conquistado con valentía, como en combates heroicos antes luchaban dioses con gigantes estoicos por las coronas verdes de las glorias... O por la sonrisa de alguna cautiva de color.   Y después de esta fuerte fiereza, solamente soy el último vástago de un siglo decadente. Tengo perdidos todos los senderos... Ninguna voz honda mía deja de ladrarle a la luna... Soy un niño muy blando, pese a mi gesto...